Rastros y restos de peregrinos medievales

«En Álava hemos hallado restos de dos fallecidos con sus conchas de peregrino»

El forense Francisco Etxeberria. / José Usoz

Francisco Etxeberria Gabilondo (Beasain, 1957) el más famoso y competente de los médicos antropólogos forenses del país, capaz de resolver casos que parecen imposibles, como los de Lasa y Zabala, los niños Ruth y José asesinados por su padre en Córdoba, la muerte de Salvador Allende, las fosas de la Guerra Civil o más recientemente los restos de Cervantes, admite que no ha ha hecho nunca el Camino, pero sí ha levantado tumbas e investigado esqueletos de peregrinos y de personajes ligados a la ruta jacobea.

Abrió el ciclo de conferencias organizado para conmemorar los 25 años de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago con una charla en la Casa de la Cultura. Doctor en Medicina por la UPV, es especialista en Antropología y Biología forense por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la UPV. Además, es socio de Eusko Ikaskuntza y presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

–Usted no deja de sorprender. ¿Ahora la ruta jacobea?

–Es que yo me dedico a esto. He estudiado los restos humanos que han aparecido en los yacimientos arqueológicos que han ido apareciendo en ese histórico itinerario. Y escribí un artículo sobre un punto estratégico de la vía a la capital gallega que es San Juan de Ortega.

–¿También ha estudiado casos en Álava?

–Aquí hemos encontrado, a un metro de la vía, necrópolis medievales en las que había peregrinos fallecidos. En concreto en Mezkia, entre Eguilaz y Salvatierra, había restos de diez cuerpos y dos de ellos tenían la concha compostelana. Se trata de algo excepcional. Los enterraron como lo que eran: peregrinos que han estado y volvían de Santiago. Son muy poco frecuentes.

–Su conferencia versaba también sobre la salud que muestran los esqueletos.

–Sí, conté cómo analizamos los esqueletos humanos, en qué nos fijamos para conocer la salud y la enfermedad de aquellas personas poniendo como ejemplo los esqueletos hallados en Álava. Concretamente, los dos que hemos encontrado tenían fracturas en las costillas y en la clavícula, pero sobrevivieron a esas heridas. Al mismo tiempo hablamos de un fenómeno en el que esta provincia también destaca, el número de trepanaciones, superior a cualquier otro lugar.

–¿Por qué ocurre eso?

–Por la proximidad y las influencias que vienen de Europa, a través del Camino, donde este tipo de operaciones son más frecuentes que en España. Sabemos que lo hacían médicos judíos que conocían el árabe, porque son los musulmanes los que desarrollan estas técnicas. Abundan en los yacimientos del eje entre San Sebastián y Vitoria.

Isabel I en San Juan

–¿Ha realizado más estudios en torno a la ruta?

–Sí, uno muy particular en San Juan de Ortega, que está en Burgos. Es un enterramiento de un santo que fue coetáneo de Santo Domingo de la Calzada, y que es patrono de los aparejadores en España. De la misma manera que Santo Domingo arreglaba los caminos, Juan de Ortega reparaba los puentes. Estuvo en Jerusalén y fue enterrado en esa iglesia, en uno de los puntos más peligrosos del Camino, entre La Rioja y Burgos.

Hace unos años, unos peregrinos alemanes movieron el sepulcro y el Obispado, alarmado, me llamó por si había sido profanado. Tuve la oportunidad de abrirlo por tercera vez en la historia. La primera fue para que rezara ante él Isabel la Católica. Pidió al santo descendencia y a los hijos que tuvo les puso el nombre de Juan y Juana. Personalmente fue emocionante.

El santo tenía un cáliz de plomo y restos de reliquias de hueso en otro brazo. Antes la gente las llevaba encima.

–Una de las cosas que más llama la atención cuando se realiza el Camino es la cantidad de estelas y placas de recuerdo de los fallecidos en la ruta.

–Hay mil historias. A mí me llamó la atención como médico la historia de una de una pareja de alemanes en torno al siglo XVIII en Betanzos. Murió el peregrino y después murió la mujer, que estaba embarazada. Cinco horas después le hicieron una cesárea a la mujer para sacar el niño, que seguía vivo y con el único fin de bautizarlo antes de que pudiera morir, algo que ocurrió finalmente. Eso sólo lo podía hacer un buen médico.

Leído en El Correo

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Publicado por

Albergues del Camino

http://www.alberguescaminosantiago.com

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