La mejor publicidad del Camino de Santiago

Elías Valiña fue quien decidió en los años 70 pintar las flechas amarillas para que los peregrinos siguieran bien la ruta
Elías Valiña fue quien decidió en los años 70 pintar las flechas amarillas para que los peregrinos siguieran bien la ruta

¿Por qué una simple flecha pintada en color amarillo compite con toda una concha jacobea de siglos, esculpida en los más nobles monumentos del Camino? La respuesta no es fácil, pero lo cierto es que es así.

La publicidad se escribe en este caso con Titanlux, en el boca a boca de millones de peregrinos que saben que por ahí sigue el Camino hasta el fin del mundo. Y todo fue obra y gracia de un cura, Elías Valiña, de O Cebreiro, en la frontera entre el Bierzo y Galicia, que no reclamó ni derechos de autor ni el copyright de una marca que se ha hecho universal. Solo a su sobrina le pidió en sus últimas voluntades que se encargara de que su contribución a la noble causa jacobea se mantuviese.

Historia de la flecha amarilla

Todo empezó cuando don Elias, en el ejercicio de su sacerdocio, recibía quejas de los peregrinos porque no sabían muy bien por donde seguía la ruta jacobea a Santiago. Tanto fue así, y tantas quejas recibió, que en los años 70 del siglo pasado cogió su Citroën dos caballos y se fue hasta Roncesvalles con un bote de pintura como única arma para el remedio. Donde pensaba que había dudas, allí puso su flecha amarilla. Esa que ahora se ha perpetuado como marca del Camino.

Nacido cerca de Sarria (Lugo), Valiña Sampredro, estudió en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Derecho, y posteriormente se doctoró en la Universidad Pontificia de Salamanca en 1965 con una tesis titulada Camino de Santiago.

¿Por qué de color amarillo? Primero, porque es un color con buena visibilidad. En segundo lugar, porque en Francia se utilizaba mucho ya entonces el amarillo para señalizar rutas de montaña. Y en tercer lugar, porque el amarillo es el color para marcar las carreteras en muchos casos. Don Elías murió joven, en 1989, a los 60 años.

Para la pequeña-gran historia del Camino queda una anécdota suya, a medio camino entre Francia y España. Tras pararlo la Guardia Civil mientras pintaba sus conocidas flechas amarillas, los agentes le preguntaron que qué estaba haciendo en el paso fronterizo de los Pirineos. «Preparando una gran invasión desde Francia», fue la respuesta. Tras llevarlo al cuartel, se aclaró todo.

Leído en Diario de León

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Publicado por

Albergues del Camino

http://www.alberguescaminosantiago.com

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