Los postres monacales del Camino de Santiago

De todos es sabido que en el Camino de Santiago, por todas sus rutas, nos encontramos con un sinfín de conventos, monasterios y hospederías, que están regentados por monjas, monjes y cofrades encargados del cuidado de estos monumentos religiosos y de los peregrinos que a Santiago se dirigen.

«El vino se tiene que tomar de rodillas», decía el célebre escritor Alejandro Dumas, pues de rodillas contempla el sacerdote el cáliz donde el vino se trasforma en sangre de Cristo. El sacramento fundamental del cristianismo con el pan de la vida y el cáliz de la salvación: «Comed y bebed de mi cuerpo y de mi sangre», dijo Jesucristo a sus discípulos, y desde aquel mismo momento el vino significó mucho más en el mundo, y la Iglesia daría un gran impulso a esta bebida.

Los monjes benedictinos trabajan con mucha destreza los licores, y bien es sabida por todos su afición a la destilación de los mejores néctares que salían de la vid. ¿Qué decir de la cantidad de moscateles, mistela, y licores que fabrican dentro de sus muros para el deleite de nuestros paladares?

Así que en esta ocasión quiero que el vino sea ingrediente principal de esta receta que os ilustro a continuación, pues esta ciudad de nuestro vecino país luso por donde pasa el Camino de Santiago es tierra de unos de los vinos mas apreciados en el mundo, el vino de Oporto.

HIGOS AL VINO DE OPORTO

Ingredientes para cuatro personas:

1/2 kg. De higos frescos

1 vaso, de los de vino, de vino de Oporto

1/2 litro de crema de leche («nata»)

2 cucharadas de miel

Limón

2 plátanos

Primero se lavan los higos, se secan y se les quita el rabo. Luego se pelan y se cortan en rodajas, reservándolos en una fuente. Aparte calentamos a fuego lento la miel y tres cucharadas de zumo de limón, revolviendo sin parar hasta conseguir ligarlo. Incorporamos un vaso pequeño de vino de Oporto, dejamos reducir unos dos minutos y vertemos toda la mezcla sobre los higos, que se dejaran en la nevera, bien tapados, durante 30 minutos. Se cogen dos plátanos, de los que se apartan varias rodajitas, se cortan en trozos y se pasan por el pasapurés, mezclándolos luego con la crema de leche batida.

En el momento de servir se vierte la crema de plátanos sobre los higos, adornando el plato con las rodajas de plátano reservadas.

Terminamos con este dicho de Pedro Moularne Michelena que dice así.

«Sin vino no hay cocina, pero sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro».

Buen Yantar, amigos peregrinos.

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Publicado por

Albergues del Camino

http://www.alberguescaminosantiago.com

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