Camino de Santiago

Albergue El Pilar, Rabanal del Camino, Camino de Santiago
Albergue El Pilar, Rabanal del Camino

Es el momento. Como quien despierta con el intervalo del agua y su apetencia; como quien estima que la luz de los días llamase a la inquietud de cualquier otra luz, la primavera hace nacer el camino y su historia de pasos multiétnicos se despliega con las ganas que ya desde hace siglos el Camino de Santiago despierta.

Las experiencias en torno al Camino son innumerables. Muchos son los escritores, músicos, pintores, etc. que han desarrollado su emoción sobre la espiritualidad que los hombres obtienen al dedicarle una parte de sus vidas al encuentro consigo mismo y con otros compañeros y compañeras en un espacio que iguala al ser humano y lo convierte en peregrino de tantas causas como resquicios tiene nuestra vida.

Como ejemplo más vivaz, tengo el de mi buen amigo David Pérez, que ya hace unos cuantos años que su vida cambió gracias al Camino. Un viaje para encontrar su yo más hondo, supuso una aventura de encuentro con quien sería su compañera de vida y madre de su hija. Ahora, a causa del Camino, vive casi en las antípodas de su León natal —en Sidney nada menos— con una bella familia formada y la experiencia vital que generó su encuentro jacobeo.

Mi relación con el Camino sin embargo ha sido muy diferente. No hace tanto, en esa necesidad de eco alrededor, para poder escucharse a sí mismo, me retiré unos días a una hostería en un lugar emblemático del Camino de Santiago. El pueblo no es otro que Rabanal del Camino y el lugar, que me acogió y me alimentó en tantos planos, se llama Hostería A Cruz de Ferro.

Era pleno invierno la nieve era el color, y el sabor de esa tierra se transformaba de helor a humeante café de pota. Miriam y Manuel, los dueños de la hostería, sabían del tempo que cada caminante necesita y dejaban el espacio suficiente al silencio para que lo importante me rodease de belleza. Fui a escribir, sin saber que El Camino haría de las suyas en mis ganas internas. Yo era un intruso que no tenía como destino la peregrinación, tan sólo un retiro amable en el que pudiese leer, escribir y cosechar algún encuentro con la naturaleza. Todo ello lo encontré. Pero también encontré esa esencia que Rabanal del Camino supura sin pretenderlo. Esa hospitalidad que trasciende el mero negocio, la virtud con nombres y apellidos.

Por eso me traigo en el recuerdo a Miriam, a Manuel y su exquisito trato. Pero también a Isabel, alma del albergue El Pilar y mujer fuerte y luchadora como pocas he conocido. Todo allí fue hospitalidad, generosidad y entrega, pero sin quitarle a uno ese espacio necesario para el encuentro personal.

El Camino es lo que tiene, limpia y hace limpios a los que en él se embullen. Al menos en una proporción. León tiene una importancia especial en este tránsito y somos afortunados de poder disfrutar de su repercusión casi en cualquier época del año. Por eso, por ser huella tan vibrante y llena de posibles, os recomiendo ese Camino que siendo nombrado como Calle Mayor de Europa, se convierte en el corredor de los pasos personales hacia uno mismo.

Leído en Diario de León

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Publicado por

Albergues del Camino

http://www.alberguescaminosantiago.com

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